Águila y Tiburón

A veces se necesita de un coraje inmenso, para ver a las personas como son. Y dejar de ser egoístas, dejar de verlos como queremos que sean.


Quizás él no es lo que crees, o quien te esfuerzas – a veces mucho –, en creer que es. Hemos hablado tanto de él, de su amor por ti, de quién fue, de quién es, de si sigue sus sueños o no, que al final todo ha quedado en palabras nuestras y una espera. Una espera que ya se va haciendo de años. Y aquí estás, después de tú ya haber hecho tu parte, esperas a que él te diga algo, a que luche por ti, a que vuele, a que salga a la vida y se la coma a mordidas. A que se le vaya el miedo y sea honesto consigo mismo.

Y esperas. Y esperas bajo la idea de que aún se aman. Y lo esperas y no te detienes a preguntar si él te ha esperado, o si te espera, o si ha hecho algo al respecto de ser así.

Esto no es culpa de él. Esto no lo convierte en villano. Tal vez sólo estás esperando a que sea algo que no es.

Con ganas o no, con amor o no, con sueños o no, la única realidad es que has volado y él no se ha movido. Sigue ahí, solo o acompañado, en el mismo sitio en el que un día le dijiste “hasta pronto, mi amor”. Y por mucho que quiera salir – y nadie dice que sea fácil –, la única realidad es que no lo ha hecho. El miedo está cabrón, eso ya lo sabemos, pero mientras el miedo venza al amor, el amor no podrá florecer.

Es triste, sí. Para nosotras. Para él. Para quien lo acompañe, a menos que encuentre a alguien que no se mueva, entonces todo estará bien. Y es válido. Hay gente que decide vivir así. Gente que sólo da piruetas sobre su propio eje, y para ellos, ese es movimiento suficiente. Nosotras decidimos vivir como locas y eso conlleva responsabilidad y sí, a veces su dosis de ansiedad, quien no nos conozca podrá decir que qué pinche necesidad, pudiendo estar estables con una vida más pasiva y sencilla.

Un hombre como él, no tiene nada de malo, podrá ser perfecto para alguien más pero no para ti. No importa cuánto amor exista. No es el hombre con el que quieres compartirte. No va a enloquecer contigo, quizás, aferrado al pasado te dirá que sí, pero cuando mire tus alas se va a asustar, porque antes, cuando eran más pequeñas también se asustó. O quizás no. Seamos justos, admiró tus alas, te dejó volar… lo que le da pavor son las suyas propias. Le aterra dar el salto, pero tú ya perteneces al viento.

Sus alas son frágiles, siguen sin abrirse. Tendrías que detener tu vuelo y subírtelo a la espalda para volar juntos, y por un momento vas a creer eso, que vuelan juntos, pero cuando pares, estarás terriblemente cansada. Y aún así, sé que puedes hacerlo. Si necesitas, si quieres, hazlo, prueba, descubre, no son tus alas lo que me preocupa. Lo que me preocupa es tu corazón, tu corazón soñador que le ofreces a alguien que cada día parece entender menos de sueños. Si antes se dejaron ir fue por eso. Tú volaste, él se quedó. Ahora mira, voltea a verlo, nada ha cambiado.

Es injusto pedirle a las personas que se conviertan en lo que necesitamos bajo el pretexto de que les amamos. Cada quién es lo que es. Tal vez estamos siendo injustos con él. Tal vez es tan simple como que tú eres un águila y él un tiburón. Lo tuyo es el cielo, lo suyo es el mar.

*Carta de una bella mujer, a otra bella mujer*

5

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *