Amar a medias

Muy pocas veces he visto parejas sanas, de esas que están el uno con el otro en su totalidad, basándose en su amor y en el respeto mutuo a la libertad del otro. Cuando encuentro a una pareja así, mi corazón se infla de emoción y alegría, lo celebro aunque no tenga nada que ver conmigo. Lo celebro porque la humanidad y este mundo lo merece y lo necesita.


Puedo decirme afortunada y presumir que me tocó una historia de amor así. Limpia, libre y real. Y le agradezco infinitamente a la vida haberme puesto en sintonía con otro corazón igual de noble en el que, a pesar de nuestra inocencia, nos dejamos guiar por un amor que sabía la diferencia entre lo sano y lo enfermo.

Sin embargo, entre más cosas te van sucediendo, entre más golpes de la vida recibes, entre más giros... a veces uno se va perdiendo en el camino, o simplemente se marea y acepta lo que tiene en frente, o lo que sea que prometa quitarle la náusea. Pero no vengo a hablar de lo que todos sabemos no es amor. No vengo a hablar de relaciones tóxicas a la obviedad de todos. Vengo a hablar de esas relaciones que podrían parecer perfectas, y cuyo foco rojo de "cuidado" se ignora pues todo aparentemente va bien, un daño invisible ante nuestras justificaciones. Parece inofensivo y no te das cuenta del daño que te ha hecho hasta que te preguntas por qué hay tanta inseguridad dentro de ti, si tú no eras así.

Hablo de amar a medias. O de aceptar que te amen a medias.

Y no me refiero a las relaciones en las que los dos deciden que no es nada serio. No, eso es totalmente válido. Me refiero a la falta de balance cuando de un lado alguien lo da todo, y del otro lado; no.

Me tomó muchísima valentía y amor aceptar esto. Se requiere de muchísima fuerza, amor hacia el otro pero sobre todo infinito amor hacia uno mismo para salir.

Obviamente, es injusto para el que recibe mitades pero la verdad es que, el que da la mitad de sí mismo también se rompe. A veces es porque su corazón se quedó en otro lado, pero también me ha tocado ver casos en los que no hay ningún tercero involucrado, simplemente el corazón no está del todo ahí por mucho que lo intente.

A veces, el que da mitades se disfraza del mejor amante, de la mejor pareja, pues se siente tan terrible por no poder estar completo que lo da todo. Atención, elogios, detalles, palabras, promesas. Todo menos su amor total, pues su corazón simplemente no está del todo ahí. Esto no indica que lo que de, sea insincero. No. En verdad lo intenta. Pero el amor o está o no está, o es o no es, así de sencillo.

Nadie debería de esperar a que le amen bien.

Y aún así, dar a medias no nos convierte en villanos, pero tal vez sí un poco en cobardes. Recibirlo todo de alguien más, recibir su paciencia y compresión nos hace actuar en base a la culpa: "¿Cómo voy a dejarle si me lo da todo?Esto no está tan mal, puedo llegar a amarle como me amaPodría quedarme – No quiero romperle el corazónTambién hay cosas buenas, no voy a echarlo a perder." Pero la realidad es que esto rompe al otro. Y quizá no lo sepa, quizá agradezca que lo intentemos y que nos quedemos. Es fácil porque nos aman, y es difícil porque nos sentimos en deuda, nos sentimos que debemos intentarlo hasta el final porque nos lo están dando todo y es lo mínimo que podemos hacer por ellos. Pero la única realidad es que el corazón no cede, aunque nuestra cabeza nos haga creer que sí. Y así, nos jodemos y jodemos al otro.

 

Es verdad que cada quién es responsable de sí mismo, y que nadie les obliga a quedarse esperando que algún día se les ame como ellos aman; pero esos intentos de quedarse y estar, sólo alimentan la inseguridad. Y no hay nada más dañino que toda emoción que se deriva de la inseguridad: celos, falta de confianza en sí mismo y en los demás, ansiedad, miedo y hasta rabia.

El corazón sabe. El corazón siempre sabe cuando a uno no lo quieren como se merece.

El que recibe a medias no es víctima de su pareja sino de sí mismo. Una persona que se ama a sí misma, a pesar de que ame a su pareja, sabe soltar si está en un sitio que amenaza lo más bello que uno tiene: nuestro autoestima. Los que se quedan ahí, intentando y esperando, no es por amor. Puede parecer que lo es: "Es buena personaVale la penaSé que en el fondo me quiereSé que puede llegar a amarmeLe está echando ganas." Pero la realidad es que no es el amor sino la inseguridad la que los hace quedarse. Necesitan probar que son suficientes. Necesitan probar que sí pueden lograr que les amen de vuelta con la misma potencia. Su autoestima es agredida al no recibir lo que dan y es una urgencia por repararla al probar que pueden conseguirlo. En el fondo es un reto consigo mismos que poco tiene que ver con la otra persona. Y es un desgaste terrible, amar mientras por dentro el dolor de sentirse insuficientes se los come por dentro. El saber que no han logrado que su pareja esté cien por ciento con ellos.

Cuesta aceptar que somos responsables de nosotros mismos, y que esto sucede cuando se intenta forzar un corazón para que esté en donde no está. Aunque nuestros valores, nuestro agradecimiento, nuestra buena voluntad y nuestras mejores intenciones nos hagan quedarnos y pensar que sí se puede, la única verdad es que los corazones son ingobernables, y entre más los ignoramos, más nos rompemos, y más rompemos a los demás.

El amor, en este sentido, no debería trabajarse. El amor es o no es. Está o no está. Existe o no existe. Trabajamos en nosotros para amar mejor y ser mejores, sí. Pero el amor es como el talento. La escuela ayuda a pulirlo, da herramientas, pero sin talento todo eso no sirve de nada. A veces se confunde la técnica con el talento, la disciplina con el talento. Pero el talento como el amor, son irremplazables y son la pieza clave de todo. Sin ello, pueden haber muchas otras cosas que sí, pueden ser increíblemente hermosas y valiosas, pero desgraciadamente en esto de las relaciones, nada va a cubrir la falta de un amor incompleto. Y cuando todo esto se hace consciente, quedarse se vuelve egoísta . Tanto hacerle perder su tiempo a alguien, como exigir que se les ame cuando simplemente eso viene desde un lugar mucho más profundo el cual no podemos ni deberíamos alterar.

Todos merecemos irnos a la cama satisfechos por saber que estamos donde queremos, y que en donde estamos nos quieren de verdad, que en nuestro presente, somos suficientes y que estamos con alguien que en ningún momento se le ha cruzado por la cabeza y el corazón el deseo de estar en otro sitio. O peor, que nunca ha estado con nosotros. No realmente. No del todo.

Todos merecemos ser únicos y estar completos. Mientras no podamos ofrecer eso o no puedan ofrecernos eso, sí, podríamos quedarnos pero ¿a qué precio? Al menos yo no pienso pagar con mi autoestima. Ni voy a hacerle perder la suya a nadie. No voy a contribuir ni a alimentar inseguridades. Sé amar. Absolutamente y en mi totalidad. Limpiamente. Así que ¿para qué dar menos?, ¿para qué aceptar menos? Ya sé lo que es estar entera. Ya sé lo que estar y amar sin miedo y sin dudas. Ya sé lo que es que me amen sin fantasmas y sé lo que es decir "aquí me quedo, aquí estoy completa" y no daré ni recibiré menos.

Nadie debería.

6
1 Response
  • Monserrat
    June 16, 2017

    Las palabras exactas en el momento exacto. Gracias!

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *