Carta a la hija que aún no tengo

Querida mía,

Siempre tuve la duda –aunque las ganas enormes también–, de tenerte aquí, de invitarte a este mundo. Y es que, tristemente, las ganas no deben ser nunca suficientes. Seguro has notado ya que algunos de tus compañeritos de la escuela llevan una tristeza muy grande para un cuerpo tan pequeñito.

Verás, ser mamá o papá, debe ser también una vocación. Si le preguntas a los niños de tu clase qué quieren ser de grandes, cada quién te va a contestar algo distinto. De dentistas a presidentes. De futbolistas a bailarinas. Algunos tal vez, deseen lo mismo. También verás que todos tienen habilidades diferentes. Algunos seguro se pasan las clases enteras dibujando, no falta el que tararea canciones, el que ya quiere que sea receso para ir a jugar al patio, el que cuenta chistes y los hace reír a todos, el que es el más rápido en matemáticas y además siempre suele resolver todo correctamente.

A eso se le llama pasión y talento. Tiene que gustarte, y tienes también que ser bueno en ello. Y la gente más afortunada en este mundo es la que tiene talento para aquello que también ama.

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad en la que, parece que ser mamá o papá es un deber. Vivimos en un mundo en el que, de preferencia se debe firmar un papel que establece que vas a pasar el resto de tu vida con alguien, y después de ese papel viene la presión de comenzar a hacer crecer la familia.

A tu amiguito al que le gusta salir a receso para jugar fútbol –y que por cierto siempre mete goles–, sus padres probablemente le dirán en unos años que tiene que ser abogado o doctor. Y será abogado o doctor. No será ni buen abogado ni buen doctor pues será privado de su pasión más grande, de su mayor talento: el fútbol.

Ser mamá o papá es igual. Lamentablemente, por mucho empeño que le haya puesto, aquel papá que le dice a su hijo que no sea futbolista y que por favor sea abogado o le quitará todo su apoyo, es alguien que no tiene vocación para criar un hijo. Tal vez así le educaron también a él, tal vez también le obligaron a ser alguien que no quería ser, y ahora cree que hace lo correcto. Esto no quiere decir que sea mala persona, ni que no ame a sus hijos, simplemente no tiene talento para ser papá.

Este tipo de padres se escudan bajo el autoengaño de "sólo quiero lo mejor para ti", pero joder, no se dan cuenta de que lo mejor para los hijos es dejarlos hacer lo que aman. Dejarlos ser ellos. Así serán más felices y más exitosos. Hay veces incluso que estos padres que no pudieron hacer de su vida lo que querían, ahora desean que sus hijos cumplan los sueños que ellos no cumplieron.

Hay también gente que se vuelve exitosa en algo que no le gusta porque tiene disciplina. Pero el haber acumulado muchos millones en el banco, no es éxito. El éxito es estar satisfecho con lo que has hecho. Le podrá haber ido bien, pero esa persona al entrar a su habitación y mirarse al espejo, no se siente orgullosa.

La decisión de traerte o no a este mundo no tiene nada que ver con mi deseo de hacerlo. El deseo está ahí, pero en esto uno no debe ser egoísta. Es mi deber confirmar que así como encontré mi talento y pasión profesional, pueda igualmente encontrarme así como persona. Saber si tengo o no talento para ser madre. Y eso sólo se descubre con la vida. Viviendo.

Siempre he creído que los veintes son completamente nuestros. Cuando somos pequeños somos de nuestros padres, después seremos de nuestras parejas y después seremos de nuestros hijos. Y está bien, son etapas. Pero para poder edificar más alto y más allá de nosotros mismos, hay que ser por encima de todo muy nuestros. Y eso debe ser antes de la pareja y los hijos. Hay gente que comienza a compartir su vida sin saber quién es, y deja que los demás le definan. Y va por la vida sin ser, y por ende, sin dar, y sin crear. Por eso creo que para eso son nuestros veintes. Para ser nuestros, para ser y así poder dar y crear.

Te escribo esta carta estando en mis veintes y te diré que han sido unos años muy míos. Me aventuré a crecer. A arriesgar. Me aventuré a amar y a explorar el dolor. Me di cuenta que soy buena en lo que hago y que además lo amo infinitamente. Me lancé a vivir la vida basada en mi pasión, en mi talento.

Pero quiero también ser una mujer completa. Descubrí, para mi sorpresa, que soy buena compañera, que la vida ya es lo suficiente y deliciosamente caótica como para añadir dramas a tus relaciones. No soy celosa, detesto las reglas que quitan espontaneidad y me da tristeza aquella gente que se encuentra atrapada en relaciones en las que no pueden ser ellos mismos. Sé amar. Esto no quiere decir que no haya cometido errores pero estoy tranquila porque cada decisión que he tomado, a pesar de no saber nada de la vida, ha sido basada en mi amor, no en mis miedos.

Sé que mi familia hizo un gran trabajo conmigo, pues crecí entera a pesar de haber crecido lejos de mi padre. No –, lejos es decir poco. Crecí sin un padre. Y me di cuenta, de que más allá de compartir mi vida con una persona, es importante también encontrar un buen padre para ti. Una buena pareja no es necesariamente un buen papá. Y viceversa. Es vital elegir a una persona que tenga vocación de papá, independientemente de adónde nos lleve la vida a él y a mí, como pareja. Alguien que no me use de pretexto para no verte. Alguien que no me ponga por encima de ti. Alguien que pueda crear dos espacios al mismo nivel, a pesar de ser los dos muy diferentes. Que te de a ti el tuyo, que me de a mí el mío. Pues criarte será un trabajo en equipo, y cuando yo cometa errores, él sabrá guiarte, y cuando él los cometa, lo haré yo... pero sobre todo, lo haremos juntos. Quiero ante todo darte, el mejor amigo de toda tu vida.

Quiero que sepas que tu vida será mi historia favorita. Una que al inicio empezaré a escribir yo, pero que poco a poco me iré alejando para pasar de escribirte a sólo leerte. Al principio te daré las hojas de papel, la tinta y algunas palabras. Después serás tú la creadora de todas tus herramientas.

Te voy a enseñar el mundo entero para que sepas lo que te gusta y lo que no. Y yo seré feliz de que me cuentes y compartas tus decisiones y caminos. Te acompañaré a tu primer perforación o tatuaje. Tal vez me haga uno nuevo contigo. Nos prestaremos libros. Prepararé comidas especiales para cuando venga tu novio, o novia, a visitar. Te ayudaré a armar la sorpresa de su primer aniversario. Tal vez hagamos todos un viaje por carretera en vacaciones. Te daré tu espacio con tus amistades. Beberemos juntas cuando te rompan el corazón. Me aseguraré que el número de la pizzería esté en tu celular para cuando yo no esté en casa. No te prohibiré nada, no te haré mentirme. Te hablaré de sexo como lo que es; algo tan normal como lo es comer. Te daré tu propia habitación, y si tienes hermanos o hermanas, les daré a ellos el suyo. Es importante que tengas tu propio espacio para que al crecer sepas luchar por él, por ese lugar en el mundo que sólo es tuyo y que mereces. Te enseñaré el valor de las cosas pero sobre todo, el de las personas. – Y algo muy importante: No siempre estaremos de acuerdo y a veces eso me hará perder los estribos, pero se me pasará al saber que te estás haciendo cada vez más tú. Te vas a equivocar, mucho. Y eso será bueno porque significará que estás en movimiento, explorando, aprendiendo. No te juzgaré por tus errores. Te daré mi opinión, más no la impondré.

También me verás equivocarme. A veces, me verás triste. Me verás preocupada. Me verás caer. Pero siempre, siempre me verás levantarme, y a esa parte es a la que quiero que prestes mucha atención. – Tú también te levantarás, desde tus primeros pasos hasta cada golpe en el camino. Esa será tu única obligación con la vida y contigo misma.

Ya tengo emoción por saber qué serás. Si te gustará el arte, o la economía. Si serás más de libros o de cómics. Si te gustarán las películas tanto como a mí, o si la ciencia será más lo tuyo. Tal vez termines tú dándome clases de matemáticas, que nunca se me pegaron, o tal vez reprobarás la materia como yo. Ya quiero saber en qué te parecerás a mí, en qué serás distinta. Qué tanto sacarás de tu padre.

Aún tengo unas cuantas cosas por hacer antes de traerte al mundo. Y si mi vocación está en sintonía con la vida y con el tiempo del hombre al que llamarás "papá", nos estaremos viendo en unos años.

Ya quiero conocerte.

Luna

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