Enteras

Dicen que cuando mujeres comparten hogar sus hormonas se sincronizan. Yo lo único que tengo seguro es que tú y yo vamos con los sueños y metas en sintonía. Hemos crecido juntas hasta el punto de enfrentar la realidad con lágrimas en los ojos, con la fuerza para no engañarnos a nosotras mismas.


Amo tu valentía para vivir, aceptar y asumir. Amo que puedas hablarme claro y que no te ofendas cuando claro te hablo yo. Jamás te he visto en estado de negación. Y sé lo difícil que es eso; ser honesto con uno mismo. Y por eso, infinitamente te admiro.

Cuando te conocí, una de las cosas que hizo a mi alma conectar con la tuya no fue sólo tu calidad humana sino tu energía. Tu entrega total. Desde una maldita tarea, importaba poco si la materia te gustaba o no, ahí estabas, dándolo todo. Todo. Y verte así, tan entregada, me hizo abandonar esa aventura universitaria, me di cuenta de que yo no lo estaba dando todo como tú. Y podía. Tenía demasiado potencial, pasión y ganas como para desperdiciarlo en algo que sólo me gustaba. Mi amor profesional estaba en otro sitio y supe irme porque nunca fui de dar cosas a medias.

Ni tú.

Siempre lo has dado todo. Cuando abres tus brazos para ofrecerle hogar a un nuevo amigo, no necesitas que pruebe su amistad porque das en base a lo que tú puedes dar, no en lo que puedas llegar a recibir de los demás. Cero egoísmo. Das porque amas dar. Si las traiciones llegan después ya es problema de ellos que no saben recibir. Pero tú das. Y no porque seas ingenua sino porque eres grande.

Cuando estás en tu elemento más puro, en esa pasión profesional que hace tus ojos brillar y tu corazón latir tan fuerte, eres una bomba de posibilidades. Eres una creadora y una máquina de sueños. Una fábrica en la que todo es posible y en la que cualquier cosa se puede construir.

Y en el amor. Siempre lo has dado todo. Absolutamente todo. Exprimes todo de ti y de pronto las historias más bellas de amor florecen. Que si sus finales duelen, que si duran menos de lo que esperabas, eso es otro cuento, pero mientras son: son y lo son todo. Solías darlo todo ciegamente, y poco a poco has aprendido a dar con los ojos abiertos. Te has equivocado, te has levantado, has sangrado y has sanado pero siempre he estado orgullosa al ver que no te has quedado a medias. Nunca.

Sin embargo todos nos cansamos. Hasta tú. Hasta yo. Y agradezco infinitamente el tenerte a mi lado para sostenernos cuando estamos a punto de ahogarnos en autoengaño. Curiosamente, así como se han sincronizado nuestros sueños y nuestro amor, también se sincronizó nuestro agotamiento. Y el error fue forzarnos cuando sólo necesitábamos descansar. Estar cansado a veces nos deja un poco ciegos. Y la peor ceguera no es esa que no te deja ver nada sino la que te hace ver lo que quieres ver; y no lo que es realmente.

Y de pronto nos dimos cuenta de que, tú y yo, dos bombas de amor y sueños que todo lo dan, se encontraban en historias en las que… estábamos a medias. ¿Y cómo no nos íbamos a cansar tanto si gastábamos toda nuestra energía en intentar estar donde no estábamos? Y con el dolor natural que requiere soltar o el prepararse para soltar, has sido la persona más valiente y me has hecho valiente a mí también.

A estas alturas ya sé que no somos como el resto. ¡Qué fácil sería quedarnos en un trabajo donde estemos “bien” y en una relación en la que todo vaya “bien”! Pero lo fácil nunca nos ha atraído y cuando conoces lo que es la plenitud total, “bien” deja de ser suficiente. A nosotras nos ha gustado siempre lo correcto, aunque sea un poco más difícil. Difícil porque vivimos en una sociedad que elige siempre lo fácil y se encarga de juzgar a los que quieren más. No faltará quien nos juzgue por perseguir la plenitud y la grandeza.

Hay gente que prefiere vivir engañándose, en trabajos y relaciones que no los llenan. Y es válido, pero nosotras no somos así. Va en contra de nuestra naturaleza y quiero que siempre recuerdes eso. Quiero que recuerdes que no mereces cargar con culpas. Ser honesta y libre desgraciadamente se confunde con ser egoísta o duro, sobre todo ante los que no les gusta aceptar la realidad, ante los que quieren atarte y no les parece que vueles.

Yo me quedo tranquila porque sé que eres noble y que jamás harías algo para lastimar a nadie, si acaso todo lo contrario, siempre intentas andarte con cuidado por miedo a que tus alas golpeen a los demás. Pero ya lo dijiste tú, es inevitable que en algún momento alguien salga herido, es normal en cualquier batalla. Y la gente a veces olvida que la vida es eso; un campo de entrenamiento, un campo de batalla. No puedes ir por la vida cuidando a todos de todo. Cree en quienes amas y cree que ellos pueden solos. Siempre estás. Siempre ayudas. Pero deja de sobre proteger. También el amor es eso. Saber que los demás pueden sin ti.  Así como tú puedes sola. Siempre has podido sola.

Y ahora, que nos acompañe quien guste, que aquí estamos. Más enteras que nunca. Más valientes que nunca. Apostándolo todo, literalmente. Invirtiendo sin miedo cada peso en algo que en verdad amamos, algo que nos llena y le da sentido a la vida y a nuestra existencia. Sin miedo a quedarnos de nuevo sin nada, porque hoy estamos enteras y nos sobran muchas otras cosas. Esta emoción y este amor es infinito. Hoy sabemos dónde está nuestro corazón y así, hemos logrado localizar nuestro centro. Y ya lo dice Mulán; once you find your center, you are sure to win. Si hubiésemos sabido que recuperar la fuerza era tan fácil como dejar de dar mitades para volvernos a armar, lo habríamos hecho antes. Pero hoy aprendimos algo nuevo, de nosotras y la vida.

Somos más grandes que nuestros miedos, porque nacimos para darlo todo, porque no conocemos otra manera de vivir. Y porque asumimos todo lo que implica vivir así, con responsabilidad, con consciencia, y tal vez duela, seguro vendrán más golpes pero verás que venceremos y estaremos compartiendo carcajadas al morir, sabiendo que no nos dejamos succionar por normas sociales vacías.

Al infinito y más allá…
Enteras…
Siempre.

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