Salvador a pincelazos

Siempre he creído que el amor se vive a pincelazos. Uno ama a pincelazos. Como cuando tu amante te cuenta los lunares con los dedos, y puedes asegurar que pinta nuevos colores sobre ti con sus yemas. Como cuando esos lengüetazos le dan un nuevo sabor a tu piel. Los arañazos en la espalda son siluetas de una historia que sólo el cuerpo sabe leer.


Salvador Jum insiste en que no lo llamemos artista pues su humildad lo ha convencido de que aún le falta un largo camino por recorrer. Lo que no sabe –o lo que su miedo a convertirse en un pedante no le deja ver–, es que el tiempo que aún no ha usado, la vida que aún no ha vivido, no le arrebata ni genialidad ni talento. Pero en algo tiene razón, con los años vendrán más pieles, más amores, más desamores, más pedacitos rotos y más rompecabezas imposibles de armar, y eso hará de su arte algo todavía más exquisito.

 

La mujer según Salvador

Salvador es un artista obsesionado con la mujer y la risa. Pues en sus ojos; la mujer es lo más bello de este mundo y la risa lo más necesario para el alma.

Y aquí es cuando digo yo, que, con perdón de su humildad y modestia; es un artista.

Todos vamos por la vida recolectando experiencias. A veces, algunas de ellas las compartimos. A veces, son tan nuestras que nos las guardamos por siempre.

Pero Salvador tiene la capacidad de transformar esa gota de sangre en una pintura. Esa confusión en una fotografía. Ese latido acelerado del corazón en una escultura. La capacidad de poder convertir un recuerdo, un sentimiento, eso que se trae muy adentro que a veces ni siquiera sabemos qué significa, qué es, o para qué sirve, convertirlo en algo tangible... eso es algo que sólo un artista puede hacer.

 

La belleza en un clic

Qué placer conocer a alguien que sabe hacer reír a sus heridas, y sabe convertir un corazón roto en belleza pura. Estamos frente a un creador que trasciende lo bonito. Lo bonito dura tan poco, y es tan frágil que se vuelve horrendo. Él ve lo grotesco, lo imperfecto, lo sucio, lo hermoso, lo caótico... lo que duele, y lo convierte en algo que puede verse y tocarse.

Y para salvarnos de todo aquello que amenaza con matar nuestras razones y motores, Salvador también le hace honor a la risa.

 

La insoportable levedad del arte

 

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